No existe ningún medicamento para curar el TDAH. Tampoco existen métodos psicoterapéuticos para deshacerse por completo de los síntomas de la hiperactividad. Sin embargo, esto no significa que seamos completamente impotentes.

Niños con TDAH

Podemos ayudar a un niño con TDAH a enfrentarse de la manera más eficaz posible a las dificultades que surgen de los trastornos en diferentes áreas de su funcionamiento. Lo que sin duda facilita el funcionamiento de un niño con TDAH es un sistema claro de normas y reglas comunicadas a través de órdenes específicas y claras, la coherencia a la hora de hacerlas cumplir y centrarse en lo positivo y reforzar el comportamiento deseado. Sin embargo, los síntomas individuales de hiperactividad, impulsividad excesiva y déficit de atención requieren estrategias específicas adicionales para ayudar al niño a desenvolverse.

La hiperactividad en el TDAH

Al tratar la hiperactividad de un niño, es muy importante… crear las condiciones adecuadas para esta hipermovilidad. En otras palabras, es necesario, por un lado, proporcionar espacio para que se realice la necesidad excesiva de movimiento y, por otro, darle un marco claro, es decir, definir dónde y cuándo es aceptable y en qué circunstancias no lo es. Sin embargo, este marco debe construirse en función de las posibilidades reales del niño. A veces hay que permitir que el niño sea hiperactivo, por ejemplo, agitando la pierna mientras hace los deberes, ya que de lo contrario no podrá concentrarse en la tarea. A menudo, la idea que tienen los padres de permitir que su hijo “corra” y, por tanto, utilice su hipermovilidad de forma aceptable, es el deporte. Efectivamente, el deporte ayuda a satisfacer la necesidad de movimiento. Sin embargo, hay que elegir bien la disciplina para que se adapte a las preferencias y capacidades del niño; por ejemplo, no todos los niños con TDAH serán capaces de adaptarse a las reglas de un juego de equipo, lo que puede agravar su frustración.

Impulsividad excesiva

Vivir con una persona excesivamente impulsiva no es lo más fácil. Sin embargo, es difícil para una persona con TDAH controlar el aumento de la impulsividad, porque la esencia de ésta es precisamente la dificultad para controlar los propios impulsos. Por lo tanto, se necesita alguna intervención externa, es decir, la ayuda de otra persona. La tarea de esta persona es recordar al niño las reglas que no recuerda en ese momento, a pesar de conocerlas. Para que este recordatorio sea eficaz, es útil atenerse a ciertas reglas y secuencias. En primer lugar, el recordatorio debe atraer la atención del niño, por ejemplo, tocándolo o estableciendo contacto visual. A continuación, recuerde la regla de forma clara y concisa, repitiéndola varias veces si es necesario. Estos mensajes también pueden presentarse de forma gráfica (por ejemplo, como un pictograma) o mediante un breve texto escrito. El siguiente paso es verificar la aplicación de la regla por parte del niño en una situación concreta. Si el niño no se comporta como deseamos, aplicamos inmediatamente las consecuencias adecuadas y predefinidas. Puede ocurrir que, en el caso de una impulsividad especialmente fuerte, sea necesario establecer verdaderos límites, por ejemplo, límites “arquitectónicos”, como una puerta cerrada de una habitación. En estos casos, nos guiamos principalmente por la seguridad del niño. Una de las manifestaciones más difíciles de la impulsividad excesiva del niño es la incapacidad de prever las consecuencias de sus actos y subestimar el riesgo de un comportamiento peligroso. El papel de la otra persona es, por tanto, anticipar “para el niño” la aparición de un comportamiento de riesgo y sus consecuencias (por ejemplo, pisar un armario) y prevenir dicho comportamiento. También en este caso, es importante recordar a la otra persona una norma concreta antes de que el niño llegue a comportarse de una manera determinada, algo así como intentar ir siempre un paso por delante del niño. Se necesita la máxima coherencia para minimizar los peligros de subestimar los riesgos. Lo que suele asociarse a la impulsividad excesiva es la dificultad que tiene el niño para esperar algo. Esa impaciencia puede manifestarse, por ejemplo, en que el niño interrumpa la conversación de otras personas y se interponga. En ese caso, puede ser útil establecer una señal que signifique “¡no interrumpas!” y, al utilizarla, recordar al niño esta regla. Para no entrar en discusiones interminables con su hijo, puede -en gran medida también por su propia comodidad- intentar cortar la conversación con mensajes concisos, claros y coherentes. Por desgracia, las estrategias descritas, aunque útiles en muchos casos, no garantizan el éxito en todas las circunstancias y con todos los niños. A veces sólo tiene que aceptar su naturaleza….

El déficit de atención en el TDAH

Para ayudar a un niño con Trastorno por Déficit de Atención, un buen punto de partida es organizar el espacio de forma que no actúe como distractor, es decir, como un elemento más de distracción para el niño cuando hace los deberes, por ejemplo. La reducción de los estímulos que compiten con él puede consistir entonces en un “escritorio vacío” con sólo los elementos esenciales sobre él, así como en cubrir la ventana, las estanterías de juguetes o hacer que la habitación esté en silencio. Otra dificultad para un niño con TDAH, derivada de los déficits de atención, será la incapacidad de seleccionar distintos materiales y elegir los que son realmente relevantes. Sin duda, le ayudará que la otra persona le señale lo que es importante y en lo que debe centrarse. Las estrategias que ayudan a reducir el alcance de las tareas previstas y el tiempo necesario para completarlas también suelen resultar eficaces. Es decir, dividir la tarea y señalar las partes una a una a medida que el trabajo avanza. La aplicación de estas estrategias requiere a menudo años de trabajo minucioso, que sólo produce resultados después de un largo periodo de tiempo. También requiere, sobre todo, una amplia implicación del entorno familiar y escolar del niño. A pesar de estos costes, vale la pena correr el riesgo. Si tenemos éxito, ayudaremos al niño a sobrellevar mejor los síntomas del trastorno. Le daremos así la oportunidad de vivir más cómodamente con el TDAH. Y también a nosotros mismos.


Fuentes

  • https://portal.abczdrowie.pl/jak-radzic-sobie-z-adhd